El clown que volvió a jugar de local

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Por Agenda Cultural Sur PRISMA

Su aspecto es extraño. Al menos de atrás así parece. Está de espalda al público ensayando una canción que parece que no sale, por culpa del baterista o por culpa de Vicente.

La tocan, suena bien, pero él sigue diciendo que no sale.

No hay caso, le van a decir a quien los trajo al sur, Quique, que no van a poder hacer “el show de mañana”.

“Estoy acá Tenaza, estoy escuchando todo”, dice Quique. Tras un confuso episodio, en el que este hombre alto y colorido piensa que el espectáculo no es hoy, comienza la función.

Se queda parado frente al micrófono. Tenaza, por algunos conocido como Ezequiel Aguilera, mira al público. “Que caritas, dios mío”, dice. Las primeras risas de los presentes empiezan a aparecer. Es que sus expresiones, con unos ojos excesivamente delineados, son contundentes.

Tenaza habla e invita a sus compañeros musicales a presentarse en escena. Los Massachusetts están tocando: En percusión un cocinero, en bajo y acordeón una oficinista y en flauta traversa un tambero.

Entre canción y monologo, la complicidad que logra Tenaza, antes local pero ahora visitante, es insospechada. (Más tarde va a decir: “Tenía miedo de que no viniera nadie, pero por suerte salió todo bien”, pero eso es un detalle).

Zoe es la segunda protagonista de la noche. Medirá alrededor de un metro y da vueltas por todo el Diablomundo. En un momento, se acerca al “payaso” y se lo queda mirando.

“Hola”, le dice. Zoe se va corriendo a los brazos de su padre.

“El punch que tengo con los chicos eh”, señala Tenaza y vuelve a desatar la risotada general.

 

(Luego de las empanadas, el guiso, el vino y la cerveza del receso)

 

“Pasen tranquilos eh; Zoe andá a fijarte si el coche que está en la puerta está bien estacionado”. Zoe se va corriendo y vuelve. “¿Todo bien?” y la pequeña asiente. “¿El sistema cloacal está bien también, te fijaste?”. Zoe no entiende, pero vuelve a decir que si.

Aparece el payaso Cataldo en escena. Si la improvisación había estado presente hasta ahora, en este momento estos dos sujetos de aspecto llamativo le están haciendo gala.

Entre silencios y risas – y con un “entonces afiliémonos al partido peronista” para terminar – se despide Cataldo del interludio.

Vuelve la música y Vicente, el tambero, le muestra a Tenaza cómo hacer un buen sólo, luego de que éste le quiera enseñar cómo ponerle pasión al toque del instrumento. Lo deja plantado y siguen tocando.

A pesar de hacerse el rudo por momentos, este clown deja entrever su inocencia y su bondad. Sarcástico, irónico pero un niño al fin de cuentas. Por más violento que puede parecer su aspecto de entrada, Tenaza termina el show demostrando una humanidad muy sana.

“Hola don Pepito” y “La Gallina turuleca” son las canciones del final. A pura alegría se despide este clown que volvió a pisar el sur después de mucho tiempo. El público, que más tarde lo aplaudirá de pie, agita la mano y corea letras muy conocidas por ellos.

Se fue Tenaza. Por un rato, cambió el mundo.

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