Julián Rulo: «Llevo la bandera del vibrafón para que todo el mundo lo pueda reconocer»

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Por Agenda Cultural Sur PRISMA

“Así como está el zapatero, el abogado o el kioskero, nosotros somos músicos”, reflexiona Julián Rulo acerca de su profesión. El suyo no es el instrumento más popular como pueden serlo la guitarra o el piano, es más, mucha gente ni siquiera sabe bien de qué se habla cuando se habla del vibrafón. Por eso, este egresado del Conservatorio Julián Aguirre de Banfield escribió “Diarios de un estudiante: Los primeros pasos en el vibrafón”, el primer libro latinoamericano sobre este instrumento de percusión que exige disciplina, se toca parado, es muy grande, difícil de transportar y que consiste en “placas que se tocan con dos baquetas en cada mano, cuatro en total”.

 

“La música en la que siempre incursionó el vibrafón fue el jazz en todos sus ramales, muy pocas veces se lo escucha en pop, poquísimas en música académica o clásica y casi nunca en rock”, explica Julián sobre este instrumento que tiene a Héctor Sánchez, Fabián Keoroglanian y Ezequiel Finger entre sus referentes argentinos más importantes y a Lionel Hampton, Milt Jackson, Terry Gibbs, Steve Nelson, Cal Tjader, Gary Burton, Mike Manieri, Bobby Hutcherson y Tony Miceli como los más reconocidos en el mundo.

 

El libro no es su única actividad. Además de ser profesor de música, es parte del quinteto Las Cacerolas y el Cosmos que se formó en zona sur a fines de 2010 con Matías Wilson en bandoneón y piano, Agustín Uzal en flauta y fagot, Marco Fazzari en percusión y Marcos Zvinys en violín. Este grupo instrumental no solamente ofrece conciertos donde tocan composiciones propias y de compositores clásicos europeos como Mussorgsky y Stravinsky sino que también lleva a cabo un espectáculo en escuelas pensado especialmente para que los chicos descubran el valor de la música y de la profesión del músico.

 

¿Por qué elegiste el vibrafón?

En realidad nadie lo elige. Porque no es conocido. La mayoría no empieza desde cero a tocarlo sino que antes fueron pianistas o percusionistas. Yo empecé como baterista, después me incorporé en percusión clásica donde había timbales, tambores y vi placas, o sea, xilofón. Hace siete años atrás, cuando empecé a estudiar placas, empecé con marimba, que salía como 15 mil pesos y el vibrafón salía seis mil. Mi familia me dijo que me compraría el más barato. Son parecidos pero la marimba no tiene lo que sí tiene el vibrafón: Un pedal de sustain que al tocarlo con el pie (como sucede con el piano) baja una barra de felpa y se logra escuchar a las notas en un tiempo prolongado.

 

¿El cuerpo tiene más importancia en el vibrafón que en otros instrumentos?

Seas vibrafonista o flautista, el instrumento principal, además del objeto, claro, es nuestro cuerpo. Si lo forzás por mala postura o porque practicás 1500 veces un ejercicio y no sabés por qué, el cuerpo se resiente. Esto provoca lesiones, tendinitis o malestares en el cuerpo. Si uno no cuida eso, no puede estudiar ni tocar. Entonces, si bien el vibrafonista tiene que estar parado y tener mucha conciencia del cuerpo, todo músico tiene que hacer ejercicios de estiramiento antes y después de tocar y mientras toca darse cuenta de cómo esta su cuerpo. Tiene que percibir que no es lo mismo tocar una nota todo doblado que tocarla como lo pide el cuerpo. El vibrafonista, al tocar el instrumento de pie debe ejercitar la conciencia del cuerpo.

 

 

¿Y cómo se te ocurre escribir el libro sobre el vibrafón?

Mi idea es transmitir todo lo que conozco: disciplina, postura, por qué agarrar las baquetas así y no de otra manera, cómo tocar, distintas posiciones técnicas, cómo puede ser una buena rutina. Incluyo siete obras originales mías, donde propongo las técnicas de las cuales habla el libro y obviamente consejos para que el vibrafonista se enfrente al instrumento de una manera amigable. Creo que es necesario un material amigo que te diga: “esto es así, también puede funcionar de otra manera pero fijate qué es lo que le pasa a tu cuerpo”. Entonces no digo: “Tenés que practicar 15 minutos porque así lo dice el libro”. No. Yo lo practico así, a mi me salió así y a mi me pasa esto con mi cuerpo. Yo te aconsejo esto. Pero no todo tiene que ser como dice el libro.

 

¿Cómo lo editaste?

Lo edité yo mismo y lo vendo por Site Music, en Internet. Mi plan es que todo vibrafonista lo pueda tener. Mi idea no es hacerme rico con el libro. Lo que quiero es que todo el mundo obtenga información. Hay mucha gente celosa que guarda el conocimiento y no lo suelta. No existe ningún otro libro latinoamericano sobre este instrumento.
Con Las Cacerolas y el Cosmos, ¿qué proyectos hay?

Hay compositores que nos están haciendo temas. Osvaldo Suárez, un gran compositor y guitarrista, nos hizo un arreglo de un tema de él y estamos abocados a eso. A fin de año lo vamos a grabar. Si se puede lo vamos a presentar en un lugar lindo.

 

En vivo hacen mucho de Mussorgsky.

Si, es un compositor ruso del siglo XIX que agarró temas populares y los hizo con orquesta, mezcló la música académica con la música popular. Un poco lo que hizo Piazzolla acá. Nuestro pianista y bandoneonista Matías Wilson adaptó esos temas de Mussorgsky a lo que es el quinteto. Además tocamos composiciones de Stravinsky y algunas nuestras.

 

También mezclan a Mussorgsky con Piazzolla, ¿cómo se les ocurrió?

Cuando empezamos, yo iba con composiciones mías y el pianista las arreglaba y le cambiaba cosas. Descubrimos que le gustaba mucho transformar los temas. Yo le dije que quería mezclar Mussorgsky con Piazzolla, particularmente con Buenos Aires Zona Cero que es el fiel retrato de Buenos Aires de madrugada y quería fusionarla con Catapumba de Mussorgsky. En vivo explicamos cómo sería un Piazzolla ruso…

 

Y ahora están llevando su música a colegios, ¿por qué?

Como artista siento que tenemos que estar en las escuelas cuando los chicos empiezan a ver la música desde otro punto de vista. Podemos generar un cambio. El mensaje nuestro es que el músico no es el hippie que está en la esquina tomando una cerveza y agarra la guitarra de vez en cuando. Es una persona que tiene un mensaje para dar con los instrumentos. Lo planteamos en un espectáculo que se puede hacer en primario y en secundario, donde volcamos todo nuestro conocimiento musical para que los chicos interpreten la música como un juego, como un lenguaje más como lo son la escritura y el habla. Nosotros contamos que somos músicos y que es nuestra forma de vida.

¿En qué consiste el espectáculo?

Somos cinco músicos que mostramos música. Yo soy el orador, saco un instrumento y les cuento todo a los chicos que ven cómo los instrumentos suenan al mismo tiempo y también por separado. Hacemos una actividad donde ellos tocan con nosotros y se sienten parte del grupo, los hacemos dirigir con señas básicas: si vos querés que suenen los 5 instrumentos, tenés que poner la mano así. Si vos no querés que suenen, los atrapás. Si querés que suenen más fuerte, subís la mano. Si querés más suave, bajás la mano. Es un espectáculo para 70 pibes al mismo tiempo.

¿Cuál es la respuesta de los chicos?

La pasan de diez. Las maestras se quedan con la boca abierta al ver a los nenes dirigir cinco músicos que obviamente estamos entrenados. Yo también soy profesor de escuela y vi espectáculos de otra gente donde se nota cuando no hubo ensayo o lo armaron en tres segundos. Nosotros sino ensayamos, sino suena, no salimos a mostrar. Toda la mitad del 2012 probamos el espectáculo sin salir a ninguna escuela. Llamábamos a nenes que conocíamos nosotros, le mostrábamos el espectáculo en la sala de ensayo y veíamos si respondían. Se probó un montón de veces antes de salir a hacer el espectáculo. Cuando funcionó, lo empezamos a mostrar en las escuelas.

 

¿Por qué eligen tocar música europea en las escuelas?

Porque salimos de conservatorios de música clásica, académica. A veces tiramos algún ritmo de chacarera con el bandoneón pero queremos combatir la idea de que la música clásica es aburridísima. No, depende de quién lo toque, cuándo lo escuches, cuándo tenés ganas y de los músicos. Si te parece aburrida es porque el músico la está interpretando de una manera aburrida. Hay diferencia entre escuchar, entre ver, y entre escuchar y ver al mismo tiempo. Si yo te invito a una clase abierta de lo que hacemos nosotros, vas a ver cinco personas híper concentradas pero al mismo tiempo hay intercambio de juego y mirada, interacción con el público. Es una fiesta. Nos divertimos, la pasamos bárbaro y por ende te das cuenta. No vas a prestar atención a si es música clásica. Es música. Y estuvo buenísimo

 

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